La cajita de rapé

La cajita de rape

Entrevitamos en su Glorieta a Javier Alonso Garcia-Pozuelo, autor de la novela “ La cajita de rapé” ( 2017 ) Ed. Maeva

España, 1861. Tras un cuarto de siglo como policía, José María Benítez, al frente de la comisaría de La Latina, ve al alcance de su mano el prestigioso puesto de inspector jefe de Madrid. Sin embargo, sus ambiciones personales quedan relegadas cuando en la casa de los Ribalter, una adinerada familia de su distrito, aparece muerta una criada. El crimen, que en un principio parece explicarse por un móvil económico, se complica cuando, en el transcurso de la investigación, comienzan a aflorar secretos familiares que vienen de muy lejos, de la isla de Cuba, donde el señor Ribalter amasó su fortuna.

Mientras José María Benítez y Ortega, su nuevo ayudante, un joven abogado malagueño sin experiencia policial, tratan de esclarecer este caso, que se complica a pasos agigantados, Madrid vive expectante la inminente apertura de Cortes. La ilusión de unidad con la que se ha combatido al imperio marroquí se ha desvanecido y en la Unión Liberal, liderada por el general O’Donnell, comienzan a sonar las primeras voces disidentes a raíz de la conducta del Gobierno con los campesinos andaluces condenados por la sublevación de Loja.

Benítez tendrá que enfrentarse a sus demonios personales y poner a prueba su integridad ante la cara más miserable del poder.

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-Javier, ¿qué tienen que tanto nos gustan las novelas en las que un carismático inspector debe desentrañar un crimen?

Toda la literatura, no solo la policíaca o de misterio, alimenta nuestro deseo de conocer. Somos seres curiosos a los que nos gustaría poder saber, como aquel diablo cojuelo de Vélez de Guevara, qué ocurre bajo los tejados de las casas de nuestros vecinos. La literatura nos cuenta intimidades de personajes con los que nos podemos identificar o a los que podemos detestar, pero que por algún motivo despiertan nuestro interés. La novela policíaca, además, nos permite jugar a adivinar esas intimidades a la vez que lo hace el investigador. Y ese personaje ha de ser obligatoriamente carismático. Ese es uno de los grandes retos del escritor de novela policíaca actual: conseguir que, después de centenares de investigadores brillantes en la historia del género negro, tus lectores sientan ganas de acompañar en sus pesquisas al tuyo. En la novela negra el carisma del protagonista es, al menos, tan importante como la trama. Los días que estamos leyendo la novela, pasamos un montón de horas a su lado. Algo tenemos que ver en ese policía, detective, juez o abogado para dedicarle nuestro tiempo.

-El inspector Benítez es un puntal en la novela, ¿en qué momento empezó este personaje a gestarse en tu cabeza? ¿Qué fue antes, el inspector o la cajita de rapé?

Lo primero fue el tema. La trama de “La cajita de rapé” es compleja y con varios giros argumentales, pero nunca perdí de vista que el tema principal de la novela, sobre el que quería hablar, es el abuso de poder. El abuso de poder a muy distintos niveles (de una clase política con los empleados públicos o con los ciudadanos que les han votado, de un patrón con sus trabajadores, de unos padres con sus hijos). “La cajita de rapé” no es solo el título de la novela porque sea una pieza clave en la investigación policial sino porque simboliza una de esas formas del abuso de poder (no diré más para quienes no han leído aún la novela). El inspector Benítez y el secretario del gobierno civil surgieron en mi imaginación casi a la vez, al decidir que una subtrama de la novela tendría que ver con las injerencias de la clase política en la labor policial. Concebí la escena en la que el secretario del gobierno civil chantajea a uno de los policías que trabajan a sus órdenes y a partir de esa escena –en la que trato de plasmar otra de estas vertientes del abuso de poder–  empecé a construir los personajes de José María Benítez y de González Cuesta.

-¿Hay algún personaje histórico en el que te inspiraste para crear a Benítez?

En la Década Moderada era muy frecuente encontrar a exconvictos en los cuerpos policiales

–como el célebre Jeroni Tarrés en Barcelona– y los altos mandos de la policía recaían habitualmente en personas cercanas a la órbita del poder –como Francisco García Chico, jefe de la policía de Madrid–, tuviesen o no la experiencia y titulación aconsejada. Algo ha cambiado la policía en 1861, el año en que está ambientada “La cajita de rapé”. La policía de Madrid, por ejemplo, se rige por un reglamento publicado tres años antes según el cual el inspector jefe de vigilancia de cada distrito ha de ser abogado, salvo por ascenso. Quedan, como es natural, entre los policías madrileños, algunos de los matones que trabajaron a las ordenes de García Chico, pero cada vez son menos y entre los altos mandos de la policía, inspectores y secretarios, lo normal es que o tengan una larga carrera como empleados públicos, como es el caso de el inspector Benítez, o sean licenciados en Leyes. Para crear el personaje de Benítez no he tomado como modelo a ningún policía en particular, pero sí que le he seguido la pista a muchos policías del reinado de Isabel II y, en ese sentido, ese José María Benítez que era empleado de puertas antes de hacerse policía y que poco a poco fue subiendo en el escalafón del cuerpo de vigilancia y seguridad, no está inspirado en ningún personaje histórico en concreto, pero su trayectoria profesional sí que se parece a la de algunos policías isabelinos de carne y hueso.

-Benítez encarna al “policía bueno y humilde que lucha contra el mal”, es un hombre con valores. ¿Intentas decirnos algo?

En un momento de su carrera en el que tiene al alcance de la mano el anhelado puesto de inspector jefe de Madrid, Benítez antepone la resolución de los crímenes que está investigando a los torticeros encargos de sus superiores políticos, más preocupados de afianzar su poltrona que de que se descubra quién está detrás de los crímenes que se investigan. El inspector Benítez, pese a sus muchos defectos, tiene una virtud que es la que yo más destacaría del personaje: la integridad.

Admiro a las personas que no dejan a un lado sus principios morales en cuanto las circunstancias son desfavorables,

por ejemplo, cuando su puesto de trabajo peligra. Supongo que es lo que he querido contar con este personaje, que hay personas que luchan por una causa justa aunque con ello pongan en riesgo su estatus e, incluso, su seguridad personal.

-Si pudieras tener una cita con el inspector Benítez, ¿a dónde le llevarías y qué le dirías?

Le llevaría a dar un paseo por el centro de Madrid. Para enseñarle qué hay hoy donde en 1861 estaban su oficina, los juzgados o el gobierno civil. Pero eso después de habernos dado un homenaje en el Lhardy, uno de los pocos establecimientos hosteleros del Madrid isabelino que siguen abiertos hoy en día.  Hablaríamos de mujeres y literatura. De política, solo si él saca el tema. Cosa que dudo mucho.

-Con la novela consigues que nos adentremos en el Madrid del s. XIX por la cantidad de datos históricos, las calles, los atuendos, los comercios, las costumbres, el lenguaje. Suponemos que recrearlo también habrá sido un enorme trabajo para ti.

Aunque el eje de “La cajita de rapé” es la resolución de un crimen y su protagonista un investigador, mientras la escribía le di muchísima importancia a la dimensión histórica;  no solo a  la ambientación de época y el contexto político, sino incluso  a la verosimilitud de las actuaciones policiales. A esta faceta de la documentación, a la puramente procedimental, le dediqué muchísimo tiempo. Sé que no es imprescindible para escribir una novela detectivesca entretenida, pero yo quería conocer en profundidad cómo actuaba la policía de la España de Isabel II y de qué medios de investigación criminalística disponía. Creo que el esfuerzo documental merece la pena.

-Sobre el lenguaje nos parece que están muy bien trabajados y diferenciados los registros en cada personaje ¿Cómo lograste documentarte para ello?

No os voy a decir que ha sido fácil. Hay mucha y muy buena literatura de la época de la que aprender. Solo con las obras de Galdós ya disponemos de un tesoro de valor incalculable. El problema es encontrar las expresiones adecuadas para tu escena y, esto es lo más importante para mí, tratar de que aún siendo propias del XIX no resulten difíciles de entender para el lector actual. Es algo complicado. Si a eso le sumas que he tratado no solo de plasmar las formas de hablar de las diferentes clases sociales sino incluso introducir dejes y expresiones de la región de la que procedía el personaje (La Alcarria, Andalucía, Asturias, Extremadura, Cataluña), os podéis hacer una idea del trabajo que hay detrás.

-Es una novela llena de inmigrantes de otras comunidades en la que todos conviven con grandes diferencias sociales. ¿Piensas que hay semejanzas con respecto a la situación actual?

Demasiadas, por desgracia. La actual crisis económica no ha afectado por igual a todos. Hoy, las circunstancias personales de un joven (lugar de nacimiento, riqueza familiar o raza) influyen mucho más que antes de la crisis en la probabilidad de que ese joven alcance una buena situación económica en el futuro.

La igualdad de oportunidades, lamentablemente, es hoy peor que hace una década

y, aunque no podemos compararnos con la enorme desigualdad del XIX, no deberíamos permitir que se sigan perdiendo derechos sociales que tanto ha costado conseguir.

-¿Por qué en ese Madrid casi todos mienten?

No creo que en el Madrid de Isabel II, O´Donnell y el inspector Benítez se mintiese más de lo que se miente ahora en cualquier lugar del mundo.

Mentimos a diario. A veces por nuestro interés, otras por no dañar a los demás.

Y, como decía un escritor coetáneo al inspector Benítez, en muchas ocasiones decimos verdades que no sentimos; lo cual también es una forma de mentir. Otra cosa distinta es que en el transcurso de la investigación del caso de las alcarreñas, a Benítez le dé la impresión de que en ese Madrid todo el mundo miente. Suele pasarle a los policías.

-¿Puede haber una segunda parte o saga con el inspector Benítez?

Me lo preguntan muchos de mis lectores y me lo ha sugerido mi editora, así que, aunque tengo varios proyectos literarios en mente, creo que tendré que aparcarlos por el momento y dar prioridad a la siguiente novela del inspector Benítez.

-Has estudiado medicina, te has dedicado a la cooperación internacional ¿Desde cuándo la literatura?

Debía de tener quince o dieciséis años cuando escribí las primeras páginas de lo que se suponía iba a ser una novela. Por supuesto, no pasé del primer capítulo. Poco antes o poco después, no lo recuerdo, escribí una canción cuyo tema, el ama de casa infeliz por culpa de un marido egoísta, machista e insensible, era el mismo que el de la novela. En la canción hay un joven que anda enamoriscado de esa mujer. La tengo grabada en una casete. Marilú se llamaba. La canción, me refiero, no la mujer en quien me inspiré al componerla. ¡Qué recuerdos! Desde entonces no he dejado de escribir. Canciones, cuentos, conatos de novelas y artículos. Lo que cambió hace unos años es que comencé a dedicarle más tiempo a escribir y lo hice con el objetivo de publicar.

-Ahora con el éxito de tu novela, ¿cómo te planteas tu futuro como escritor?

El mundo literario, al menos en España, tiene más de arenas movedizas que de tierra firme. Mejor no forjarse expectativas.

Lo que sea sonará. Por el momento, lo único que me importa es que el segundo caso del inspector Benítez tenga tan buena acogida como éste. He participado en varios clubes de lectura internacionales y ha sido una gratísima sorpresa comprobar que personas de otros países conectaban con una novela que, al menos en cuanto a la ambientación, es tan localista, tan madrileña.

-Cuéntanos de tu blog “Cita en la Glorieta”, ¿cuál es su cometido, qué te aporta?

Concebí “Cita en la glorieta” como un blog en el que publicar mis artículos de historia, relatos y canciones, pero al final se ha terminado transformando en lo que el nombre exigía: un lugar de encuentro, un espacio en la Red en el que se dan cita los amantes de la Literatura y la Historia. Yo sigo publicando en él relatos y artículos, pero hay infinidad de amigos escritores, historiadores y periodistas que colaboran y que son quienes, con el contenido que han aportado a esta Glorieta, la han mantenido viva en los últimos años. Yo hago el esfuerzo de administrar el blog, de editar y revisar los trabajos, de maquetar las entradas y de coordinar la “Semana Negra en la Glorieta”, una semana consagrada al género negro y en la que todos los días publicamos reseñas, relatos y artículos escritos por infinidad de amigos. He de dedicarle bastante tiempo, pero es muy gratificante, no solo por lo que me transmiten los lectores sino porque además, gracias a La Glorieta, he conocido a muchísimas  personas que a la larga se han terminado convirtiendo en amigos.

-Si tuvieras que quedarte solo con una de tus pasiones ¿cuál sería?

La palabra. No me pidáis que le ponga corsé, por favor.

-Por último, en nuestro blog pensamos que un día un libro cae en tus manos y te cambia la vida ¿Cuál sería ese libro para ti?

«El principito», de Antoine de Saint-Exupéry. No podría explicar qué me causó su lectura siendo niño, pero es uno de los libros que más huella ha dejado en mi imaginación. Siempre que en mi vida hay demasiadas cifras y preocupaciones de adultos, lo vuelvo a leer. Después, ha habido muchos autores de esos que marcan a fuego una etapa de tu vida. Me vienen a la cabeza Stendhal, Dostoievski, Baroja, Carmen Laforet, Vázquez Montalbán, Kundera, Philip Roth. Me sería muy difícil escoger un autor. Escoger un solo libro, imposible.

Javier Alonso
Javier Alonso

 

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