Irene García Carbonell

Irene García Carbonell. Barcelona, 1968.

De formación técnica, trabajé en ingeniería muy pocos años. Pronto afloraron otros deseos de desarrollo personal y al intentar compaginar esos impulsos con la necesidad de pagar mis facturas a final de mes, aparecieron otras opciones profesionales más heterodoxas. La que me ha dado la mezcla perfecta es mi agencia de representación de publicaciones de arte contemporáneo y arquitectura a la que dedico la mayor parte de mi tiempo. El resto, es para mi familia y la literatura.

-Irene, tu formación universitaria no tiene nada que ver con literatura. ¿Por qué esa dicotomía antagónica?

¿Antagónica? Creo que para nada. Soy de formación técnica, sí, pero soy “oficialmente” de ciencias por curiosidad, y la curiosidad sabe poco de fronteras. ¡Me interesa lo mismo la demostración de las órbitas elípticas de los planetas que el mecanismo que hace que nos enamoremos! ¡Me maravilla la perfección de la función circunferencia, y me trae de cabeza la imperfección inevitable de su representación gráfica! Podemos tener pensamientos abstractos, podemos imaginar, podemos transformar ese pensamiento en hacer y luego usar. Creo que va todo ligado. La belleza de la perfección y la congoja de lo imperfecto que empuja, rehuyendo ese sentimiento, hacia la creación de obras perfectas: producir, crear. ¿La presa de las tres gargantas o Las rosas de Heliogábalo?

– Y nunca más me haré a la mar es tu primera novela. Háblanos de ella.

“Y nunca más me haré a la mar” es una novela sobre el ser humano. Habla de la experiencia vital en general mientras te cuenta una en concreto, la del protagonista. Su viaje por la vida: la juventud, con sus cuitas –la inseguridad, el miedo, cierta soberbia…-, la madurez con la aparición de las responsabilidades, la toma de decisiones, la resolución de problemas, y la vejez, con el balance final y las conclusiones.

El protagonista de esta novela se enfrenta, cuando empieza a atisbar la vejez, al balance de su vida. Reflexiona sobre el porqué de sus decisiones, las valora, se apercibe de  consecuencias que han tenido en su vida, y saca unas conclusiones. Podría haber vivido toda la vida sin hacer ese ejercicio -¡muchos lo hacen!-, pero para él es inevitable. Hechos, decisiones de su juventud, han tenido un peso brutal en su madurez, y durante los años de cénit profesional, ha podido sobrellevarlo, ocultárselo a sí mismo, acallarlo o sepultarlo en el fondo de su alma, pero ¡ay! Cuando empieza su decadencia, se siente más sensible, más vulnerable, y por si fuera poco aparece esa mujer que, sin saberlo, va hacer saltar todos los resortes de apertura de cuanto hay enterrado en su corazón. El balance va a ser inevitable y el resultado, trágico, pero toda vida –si lo pensamos- lo es.

– Tu protagonista se enamora de una mujer sorda. ¿Por qué justo de ella?

Sucede en varias etapas, y lo que primero le llama la atención al verla es un nosequé, que decimos. Su belleza original, su comportamiento. En una etapa posterior, se apercibe de la fuerza de esta mujer sorda. Queda admirado por cómo afronta una vida que, en el momento en que se conocen, a él le asusta un poco. Podría decirse que necesita “contagiarse” de su fuerza y hasta medirse a sí mismo, a ver si puede dar la talla. Como ella.

– ¿Qué hay de ti en esa discapacidad auditiva?

De discapacidad auditiva en concreto, nada. Lo que llamamos discapacidades, en mi opinión, sólo difieren en un modo cuantitativo de lo que son las limitaciones que todos tenemos. ¿Qué diferencia entre un discapacitado físico que no puede correr y una persona sin discapacidad aparente, pero cuyos miedos le impiden, por ejemplo, afrontar una carrera deportiva –teniendo dotes-, porque le aterroriza el fracaso, o el público, o la velocidad? Ninguno de los dos corre, pero el discapacitado físico no puede disimular su limitación. Eso nos parece “más grave”, pero en realidad, ambos están incapacitados para correr. De eso sí hay en mi: limitaciones, o dicho de otro modo, discapacidades “invisibles”, disimulables, maquillables…

– En tu novela no faltan escenas o alusiones a la música, en especial a la ópera. El holandés errante es una leyenda muy conocida. Wagner se la hizo suya en su ópera. ¿Qué papel juega en tu novela?

Ese mito me cautivó desde muy joven. Este tipo de narraciones siempre me han gustado por su aspecto simbólico y trascendental. El holandés errante me sirve de estructura, sobre la que narro las cuitas del protagonista. Su experiencia vital.

– Tu novela es una defensa o reivindicación hacia los discapacitados?

No fue pensada para tal fin. Mi novela va de la propia experiencia vital. Va de nacer, crecer, reproducirse y morir, y todo eso que “no es ná”, con facturas que pagar, problemas con la familia, un trabajo que te aburre, un colega al que no aguantas, una enfermedad, las alegrías y las desgracias.

Uf, vivir es agotador, pero hay que resolverlo. Unos lo hacen mejor que otros

, pero no cabe duda que, naturaleza individual aparte, también unos disponen de más ayuda que otros. Incluso, cuando la vida parece haber salido a pedir de boca, siempre aparecen, más bien al final, las propias limitaciones –por causa de la edad-, y con ellas puede aparecer frustración, enfado, desesperanza…

El protagonista de mi novela está en esa etapa de la vida en que aparecen estas limitaciones, y es precisamente una antagonista con una discapacidad quien lo va a poner en la tesitura de tener que enfrentarlas de forma diferente al enfado o a la frustración. Con limitaciones, ¡a ella que las acarrea desde muy joven! Las ha asumido y lleva una vida lo más normal posible, y sí, le habría gustado más no ser sorda, pero es lo que hay. Le va dejar poco margen para lamentaciones. En mi novela, la discapacidad es el espejo en el que se mira el protagonista para reconocer que limitaciones, limitaciones, las tenemos todos. Visible o invisibles. Disimulables o no. Conscientes o no.

-¿Cómo autora novel y con los tiempos que corren has tenido dificultades para encontrar a un editor?

Sí y no. Hace años que escribo y también hace años que había desistido de ser publicada. Estoy en el sector editorial y a veces, saber demasiado te frena. Sabía lo que cuesta sacar un libro adelante como autor. Hay gente que escribe a puntapala, y muchos escriben bien y tienen buenas historias. La capacidad de las editoriales es limitada, sobretodo la de las pequeñas y medianas que son las que de verdad arriesgan. Se quedan muy buenos manuscritos por el camino. No obstante, sí  tenía amistades, incluso conocidos, que leían lo que escribía. Un día sonó la flauta, y se leyó uno de mis manuscritos el hermano de un vecino que de joven tenía un amigo con el que jugaba a marcianitos  y que si no recordaba mal, a fecha de hoy estaba relacionado con temas de discapacidad auditiva. “Quizás”, me dijo el hermano del vecino, cuyo amigo jugaba de joven con él a matar marcianitos, “le interesaría leer tu novela”. Hubo entusiasmo general. El hermano, el amigo… Les encantó la novela. Con tanto apoyo moral, ya sólo tuve que llamar a la amiga de una colega de cuado yo trabajaba en una editorial, que por entonces se había montado a su vez la suya, y decirle que si estaba dispuesta a publicarla, yo estaba dispuesta a sacar el proyecto adelante. Se la leyó y le pareció seria. Apta. Desde dentro del sector, jugaba con ventaja: sabía quien, cómo y lo que iba a costar. Hice cuatro números, cuatro previsiones de ventas y me he equivocado de muy poco.

-¿Qué consejo darías a los que empiezan?

Ante todo, escribir deber ser un placer y una necesidad. También aconsejo que, por lo menos al inicio, no abusen de las florituras,  del lenguaje alambicado. Es una tentación, quizás, cuando se siente uno inflamado con algo que decirle al mundo, pero no nos engañemos, el mundo pasa de los rollos patateros, de lo que no entiende y de lo que no le llega al corazón, al alma o la razón.

Háblanos de tu método a la hora de escribir ¿Eres de los que trabajan ajustándose a una escaleta bien perfilada o prefieres que tus personajes adquieran vida propia a medida que fluya la narración?

Escribo cuando tengo tiempo y algo que quiero decir. Pueden pasar meses sin que tenga tiempo o algo que quiera decir. Cuando me pongo a escribir, suele ser porque algo me ha sucedido que deseo contar, pero siempre desde otra persona. Entonces creo el personaje o personajes –mis máscaras, en sentido estricto-, los protagonistas, los que van a hablar. Les doy una vida, un entorno, un trabajo. Siempre cosas que conozca, o que tenga a mano averiguar fácilmente. No me interesa novelar mundos  fantásticos, exóticos o crear “ambientes interesantes”. Yo quiero que mis personajes hablen y digan cosas así que los visto, los peino y andando. No necesitan más que enfrentarse a las situaciones que les planteo y empezar a filosofar, a opinar, a debatir, a resolver.

-¿Ya sabes que tenemos una pregunta que hacemos a todos nuestros entrevistados: ¿Qué libro cambió tu vida?

Dos, primero “Jane Eyre”, de Charlotte Brontë, y años más tarde, “La vieja sirena”, de José Luís Sampedro.

2 thoughts on “Irene García Carbonell

  1. Tiene mucha razón en que nos interesan las historias que hablar de la vida, de amor, y que con palabras sencillas se llega al corazón.

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