Canción de Navidad, de Dickens

Cancion de Navidad

¡Ya es Navidad!

Sí, ya lo sé, es Navidad desde octubre que es cuando en la tele empezaron a hacer únicamente anuncios de juguetes y a reponer películas “típicas” de estas fechas. Me atrevo a augurar que al menos una cadena ya le está quitando el polvo a “Ben-Hur” o quizá a “Los diez mandamientos”. Otras optarán por “Pretty woman” (que no tiene nada de navideña pero cae cada año) y las más… ya me entendéis… a lo mejor se animan con “Marcelino pan y vino” otra vez. Pero, de entre todas las películas asociadas a la Navidad, la única que yo espero cada año es la versión “de turno” sobre el clásico de Charles Dickens Canción de Navidad (sí, sí, CANCIÓN, no cuento) con el señor Scroogge, odioso y entrañable a partes iguales, y sus tres fantasmas. A veces Scroogge es Bill Murray, a veces es Jim Carrey y a veces son actores tan antiguos que ni siquiera conozco. En algunas ocasiones se trata de una versión cómica pero en otras se acerca más al drama. Incluso se ha hecho un musical. ¡Y todo esto hablando solo de cine! Por supuesto, esta obra se ha representado infinitas veces en un sinfín de teatros de todo el mundo, incluidos los escolares.

Y es que Canción de Navidad  no es simplemente una novela sobre la Navidad.

Canción de Navidad ES la Navidad. Representa todo aquello que huele a Navidad: los buenos deseos, la alegría, la familia, la generosidad, los villancicos, las luces, los regalos… Es más, yo creo que Dickens inventó la Navidad tal como la conocemos.

 

Cancion de Navidad
Cancion de Navidad

Corría el año 1843, primera etapa de la época victoriana en Reino Unido, y la sociedad estaba viviendo muchos cambios y muy rápidos. Eran cambios a todos los niveles (económico, político, cultural, industrial, científico…) y aquello hizo surgir en muchas personas un sentimiento de inquietud que se tradujo en nostalgia por su antiguo estilo de vida y las viejas tradiciones. Además (como siempre) el esplendor y la opulencia no alcanzaron a todos los grupos sociales de manera que los pobres siguieron sufriendo unas condiciones de vida miserables. Dickens se dio cuenta de este sentir de la sociedad industrializada y, habiendo vivido en sus propias carnes la pobreza y la desesperanza, decidió luchar contra las injusticias de la mejor manera que sabía hacerlo: escribiendo. Por eso en Canción de Navidad resulta tan importante ayudar a los más desfavorecidos, acordarse de los que sufren, compartir nuestra suerte con los demás… Así, Dickens escribió una novela tan a medida de lo que la sociedad necesitaba en aquel momento que se convirtió en un éxito arrollador desde su primera edición. Y digo yo que algo de esa necesidad debemos tener todavía cuando Canción de Navidad no ha dejado de editarse nunca.

El protagonista, Ebenezer Scrooge, es un anciano avaro, mezquino y solitario que se enorgullece de su carácter amargado y de sus malas maneras y no oculta su desprecio hacia las personas en general y los pobres en especial. Reniega de la familia, del amor, de la felicidad y, por supuesto, de la Navidad.

“¿Qué derecho tienes tú a estar feliz? ¿Qué motivos tienes para estar feliz? Eres un hombre pobre.”

Es una de las lindezas que le dice a su sobrino cuando, lleno de una ilusión casi contagiosa, va a visitarle para felicitarle la Navidad e invitarle a una comida en familia. Pero, claro, la proposición no tiene ningún éxito porque Scrooge todavía no ha recibido la visita de los fantasmas y, en palabras de Dickens, “No había viento que soplara más gélido, ni la nieve, al caer, era más tenaz, ni la lluvia a cántaros era más inclemente que él mismo”.

La novela explica que Scrooge había tenido un socio de su misma calaña que, después de unos años muerto, se le aparece en forma de espíritu encadenado y atormentado para advertirle de las consecuencias de su mezquindad. Le anuncia, además, que recibirá la visita de tres fantasmas que le ayudarán a cambiar de camino para evitar que acabe como él. Los tres fantasmas corresponden, por orden de aparición, a las navidades pasadas, las presentes y las futuras. Mantienen las distancias con Scrooge y, lejos de proporcionarle las respuestas o el consuelo que el anciano necesita, se limitan a enseñarle lo que fue, lo que es y lo que será. Por supuesto, el efecto resulta demoledor y el viejo tacaño acaba convertido en “buen amigo, buen amo, buena persona”.

 

Cancion de Navidad
Cancion de Navidad

Cualquiera que haya visto alguna de las versiones cinematográficas de Canción de Navidad conoce la historia y, por lo tanto, podría pensar que leerla debe resultar aburrido. Nada más lejos de la realidad. Se trata de una novela corta, de unas ciento veinte páginas, que puede ser leída en dos ratos. Pero, sobre todo, lo que hace que leer una historia que ya sabemos cómo empieza y cómo acaba resulte interesante e incluso divertido es el estilo con el que está escrita. Dickens demuestra un gran sentido del humor en todo momento y utiliza unas expresiones muy cercanas al lector. De hecho, en más de una ocasión se dirige directamente a él. Supongo que esto es así porque, originariamente, el texto estaba pensado para ser recitado (cantado) delante de un público.  Además, todas las descripciones son simplemente exquisitas. No importa si se refiere al ambiente navideño en las calles o al oscuro cuchitril en el que trabaja Scrooge. Podemos visualizarlo todo a la perfección mientras acompañamos al protagonista y a sus fantasmas a través del tiempo. Me gusta especialmente (me arrancó una sonrisa) la descripción del edificio en el que vive: “Parecía en realidad que lo que había pasado era que, cuando la casa era pequeña, se fue a jugar al escondite con otras casas y ya no supo salir de allí”. Genial.

 

En fin, recomiendo la lectura de Canción de Navidad para todas las edades, aunque existen versiones ilustradas adaptadas para niños, que les resultarán más accesibles. Y propongo, también, buscarse un público y compartir esta historia a la vieja usanza: uno leyendo y los demás escuchando… ¿Os lo imagináis? Apagamos todos la tele (porque sí, ya sabemos que el poder corrompió a Messala) y nos ponemos a leer.

Marina Hidalgo

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